La rebelión militar del 1 de enero de 1958


Este suceso es calificado como el antecedente inmediato y principal de la caída del régimen del general Marcos Pérez Jiménez. Al amanecer de ese día, aviones de la Fuerza Aérea volaron sobre la ciudad de Caracas, con el objeto de ametrallar el Palacio de Miraflores y el edificio de la Seguridad Nacional. Asimismo, esta maniobra coincidió con el alzamiento en armas de los oficiales y las tropas de la guarnición de Maracay, y la toma de una emisora de radio de esa ciudad. 
Al mismo tiempo en Caracas, se alzaron 2 unidades blindadas, compuestas de tanques, las cuales salieron del cuartel Urdaneta de Catia hacia Maracay en vez de hacerlo hacia el Palacio de Miraflores, situado a escasos kilómetros. Los oficiales de la guarnición y de la base de Boca de Río (situada en Palo Negro, Maracay) y las unidades blindadas de Caracas, bajo el mando del coronel Hugo Trejo, estaban comprometidos en una acción para derrocar a Pérez Jiménez; sin embargo, fallas en la coordinación de los movimientos, la sorpresa del hecho para un alto número de oficiales que desconocían los preparativos de la revuelta y el adelanto prematuro de la misma debido a una delación que obligó a realizarla 5 días antes de lo planeado, frustraron el éxito del alzamiento.
Trejo fue hecho prisionero en Maracay luego que dejara en Los Teques sus unidades llevadas hasta ese sitio, la guarnición de Maracay se entregó al coronel Roberto Casanova. Por otra, la Marina no se pronunció y 13 aviadores rebeldes, al verse en desventaja, volaron a Barranquilla después del día 2 de enero, donde se les concedió asilo político. A pesar de no alcanzar su cometido, el alzamiento del 1 de enero demostró que la unidad de las Fuerzas Armadas era un mito. Asimismo, esta insurrección fue la reacción de los elementos castrense al plebiscito que en diciembre de 1957 había reelegido de manera fraudulenta a Marcos Pérez Jiménez como presidente de la República por un período más. Para el momento del alzamiento existían tres grupos de oficiales en el seno de las Fuerzas Armadas: aquellos leales al régimen, otros que propugnaban la salida de Pérez Jiménez del poder, pero sin cambiar la dirección militar del gobierno y los que querían derrocar a Pérez Jiménez y al régimen militar que le servía de apoyo.
Aunque Pérez Jiménez emitió un mensaje a la nación al día siguiente del alzamiento, en el que anunciaba la rendición de la guarnición de Maracay y la manifestación de sus deseos de que se rindieran los demás grupos que permanecían en armas, el levantamiento tuvo una gran importancia ya que produjo una crisis de liderazgo entre el presidente Pérez Jiménez y el alto mando militar encabezado por el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Rómulo Fernández. En este sentido, Fernández el envió una memorando a Pérez Jiménez en el que le pedía un cambio de rumbo en la política del gobierno, la reorganización del gabinete ejecutivo y una mayor participación militar en el mismo. Días después, el 9 de enero de ese mismo año se anuncia un alzamiento de oficiales de la Marina en La Guaira que ordenan zarpar 5 destructores de la flota para colocarlos en frente del puerto; sin embargo, este alzamiento fue dominado por el general Fernández al negociar con los sublevados ciertas garantías para la institución para la institución armada; como consecuencia, renunció el gabinete ese mismo día, saliendo del Gobierno hombres claves del mismo como el hasta entonces ministro de Relaciones Interiores Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, hasta entonces jefe de la Seguridad Nacional (policía política del régimen). El día 13 de enero, Pérez Jiménez reorganiza nuevamente el gabinete, detiene a Rómulo Fernández y lo expulsa del país, asumiendo directamente el Ministerio de la Defensa, que había ocupado Fernández desde el día 10. 
En definitiva, los acontecimientos que se desarrollaron entre el 1 y el 10 de enero de 1958, estimularon a sectores civiles y partidistas a publicar diversos manifiestos en contra de los abusos del Gobierno y auparon la realización de manifestaciones populares en todas las principales ciudades del país. Esto en virtud de que la revuelta militar del 1 enero le había quitado el miedo a sectores civiles y militares que, a partir de ese momento, se unen con la Junta patriótica y con los oficiales comprometidos en la rebelión de año nuevo para finalmente derrocar al régimen el 23 de enero de 1958.

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